

Ciudad de Salta. El destino del GPS dice “Cielos del Sur”, Cerrillos. Es de noche y en el acceso al barrio se ve una casa diferencialmente iluminada con aromas tan exóticos que invitan a ingresar. Hay reserva confirmada. Ni bien ingreso me reciben los mozos y me acompañan a la mesa asignada.
Hay una sensación de estar en Medio Oriente. Es tan sensorial la experiencia que no dejo de mirar los detalles del lugar. Luces, lámparas, alfombras, vestimentas. Accesorios. De imprevisto se acerca un hombre alto, robusto, de barba y toda la pinta de ser el “Jeke” del lugar.
-Bienvenidos. Mi nombre es Nadim Kadar Bello, pero puedes decirme Turco.

El hombre practica a la perfección el arte de la hospitalidad. Es un anfitrión inquieto, curioso, pasional que se enfoca en todo detalle. Mientras surge la charla, nos cuenta su historia, su vida. Marchan bocados y platos sin cesar.
Silvina, su esposa, recorre su sombra, cuidando cada accionar. Rodri y Samir, los hijos, colaboran en donde sea necesario. El espacio principal es tan armonioso que parece una reunión familiar. Hay conexión entre mesas. También existe un living privado para clientes más discretos y reservados. Me dicen que lo eligen dirigentes políticos, artistas, empresarios.
Previo al café, al postre, empieza la música. Hay percusión y bailarina. La gente vibra con una energía particular. Es un viaje. Una marea de energías, se mueve dentro un pequeño universo. Es el Titanic del turco, que en medio del océano previamente nos deleitó con hummus, sfijas, tripa rellena, niños envueltos… Es hora del show y es donde el cocinero que recorrió el mundo y tuvo formación en Brasil por años, marca la diferencia. Se enfoca en cada comensal. Transmite generosidad. Cuando parece relajarse, mientras se asoma a la barra de sonido, vuelve a embragar y acelera.

No hay disimulo para el fanatismo por las motos. Lleva puesta su mochila con elementos de cocina y su casco. Si hay un descanso, será para cocinar. Se desvive por la familia. Ama a sus amigos. Siente admiración por Salta. “ Es increíble que cada vez que viajo, en cada momento que estoy en otro sitio, quiero también estar en Salta. Mi tierra…”
Pueblo que lo vio nacer. Que lo supo cobijar y crecer. Junto a su padre, mentor y maestro. Nadim Kalil Kadar. Sirio. Referente de su vida. Pues está honrado en la pared del acceso, con un cuadro junto a su madre, en sector de privilegio. Ese espejo que supo necesitar para caminar la selva. Tierra que domina y amansa. Esquiva detractores y sigue adelante. Es luchador el hombre. Tiene una energía inagotable. De repente, entre tantas actividades prende el fuego, para un buen asado. Vive el presente con intensidad. Sigue soñando con viajar.
Entre tantos anhelos personales que imagina y una brasa interior incesante, siguen apareciendo platos. Especias. Nueces. Pistacho. Baklava. Hay ritual de borra y cartas a elección. Me pregunto si es la odalisca, el ambiente, la atención, la comida, o el conjunto de mi parecer, pero ya quiero volver.






