
El tradicional rincón de Pellegrini y Urquiza atraviesa una recuperación integral que busca ponerlo nuevamente en valor, mejorar la seguridad y accesibilidad y preservar una postal histórica de la ciudad.
Hay lugares que terminan convirtiéndose en parte del paisaje emocional de una ciudad. La Esquina de las Flores, en Pellegrini y Urquiza, es uno de ellos. Allí, entre flores, vecinos, clientes y el movimiento cotidiano del centro salteño, los puesteros floristas construyeron durante más de dos décadas una escena que ya forma parte de la identidad local.
Ahora, ese tradicional espacio está cambiando de cara.
La intervención contempla una recuperación integral del inmueble y del espacio público, con trabajos destinados a mejorar tanto las condiciones de quienes trabajan allí como la experiencia de quienes circulan por la zona.
Las obras incluyen la reparación de cubiertas y desagües pluviales, refuerzos estructurales, renovación de las instalaciones eléctricas y acondicionamiento de sanitarios. También se renovarán pisos y cielorrasos, se colocarán persianas exteriores y se recuperarán elementos de la fachada.
El cambio llegará también a la calle: habrá reparación de veredas, nuevos escalones y accesos, rampas accesibles en los cruces peatonales y mejoras en la circulación y el espacio público. A esto se suman trabajos de terminación y recuperación del entorno inmediato.
El objetivo es que La Esquina de las Flores conserve aquello que la hizo reconocible —su actividad tradicional y su identidad— pero pueda ofrecer, al mismo tiempo, un espacio más seguro, accesible, ordenado y funcional.
Más que una obra estética, la renovación apunta a recuperar una postal cotidiana de Salta y adaptarla a las necesidades actuales, integrándola al entorno histórico de la ciudad sin borrar las huellas de una tradición que lleva más de 20 años floreciendo en esa esquina.







