“Bares Notables“: Café del Tiempo, por Nico Cortes

Comunidad31 de mayo de 2026
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Es un café que lo atraviesa al tiempo. Percibo un templo. Compuesto de algo intangible, que no se compra ni se visualiza, pero está en esos lugares destinados a la eternidad. 

Carlos Urtasun me retruca diciendo que exagero. Que lo doy un sobrevalor, característico en los poetas. Disiento. Escatimo. Todavía no encuentro ese adjetivo para semejante sitio. 

Un clásico de la ciudad de Salta. Pionero y visionario junto a Tupac, del Paseo Balcarce. Es un bar, un café, un restaurante, un museo, una oficina, un consultorio, una iglesia, todo en uno. Es que hasta milagros se producen. ¿Cómo es posible que ingresar o tan solo permanecer en un recinto, modifique los ánimos, las energías, la tensión, los sentidos?

Es una obligación nombrarlos porque son parte de mi vida. Cómo mi familia. En salón: Marcelo, Anahí, Carmen, Daniela, Luis. En barra: Pablo, Ruben, Gimena. En bacha: Santiago, Tatiana. En cocina: Víctor, Cesar, Gustavo, Walter, Marcela. En recepción: Marcela. En limpieza: Luis. En sonido: “Chicho”. 

Más que un bar notable, una insignia dorada de la ciudad. Nuestro Tortoni. La gastronomía es sólida, selecta. Hay calidad y abundancia. Meriendas y cenas de miércoles a domingo. Son un clásico los lomos, la comida regional y los platos de autor. Se destacan entre tantas delicias, como marcas registradas, el osobuco, el volcán de chocolate y en coctelería, el Negroni, el Bailey con helado. Con bandas en vivo. Solistas. Los mejores artistas del país quieren pisar su altar. Parece pequeño pero es inmenso. Similar a la medida del corazón del propietario, quien nos abre las puertas y las ventanas. Nos ofrece su casa, como oficina de escritor. 

Es que Don Carlos es un caso aparte. Admirable su genio. Dueño de mil vidas e historias de series y películas. Callejero bohemio, futbolero, curioso . Fotógrafo amante del arte, de la buena mesa, la amistad, la familia. Le inyectó a todo su clan, la misma pasión. Está en los genes de cada uno de sus hijos, nietos y también en Marcela. Esa vocación por el servicio y la atención, la hospitalidad cómo oficio. Un aporte social y cultural inigualables. 

-“Yo soy de Buenos Aires, de Sarandí. Pero me siento salteño. Amo Salta. Con decirte que evito viajar. Quiero estar aquí. Es mi lugar. Sino es mi casa, es el café, o Cachi. Donde está el viñedo y producimos “Miraluna”. También hay hospedaje. Pero siempre Salta.”-

Presumo de su amistad. Tiene la sabiduría y la humildad de los grandes personajes. Hizo de un impulso, un sueño. De un sueño, una catedral. Agradecidos los clientes, el personal, los artistas, los turistas, la ciudad, los instrumentos. Se hace extenso pero tengo palabras para una novela y proseguir sin cesar.

Regreso al lugar. Pues hay sitios que son apariciones. Cómo esos milagros no escritos. Hay momentos donde la realidad, lo cotidiano y la vida en sí, ajusta una soga sobre el cuello y antes que a la ciencia, alguna adicción o a la medicación, como tantos, recurrimos a Café del Tiempo. Cómo una dosis de oxígeno puro y natural. Cómo una curación. Como una salvación.

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