
Los Elegidos: “Margarita”, por Nico Cortes

Un cuadro de Diego en sus paredes y ya me vulnera. Me gana. Percibo debilidad. Es el comedor de la abuela, la propia casa. Hay un ambiente tan relajado que dan ganas de poner los pies sobre la otra silla.
La recepción es personalizada, entusiasta, sólida. Hay un enfoque especial en cada comensal. Se percibe esa pasión de los dueños en transmitir afecto desde lo invisible. En ser anfitrión por naturaleza, en ser generosos desde la simpleza.

Martín Aisama y Naira Varela son los dueños de “Margarita”. Un restaurante de pizzas y comida ítalo americana que enfoca su atención en la calidad de los productos y la materia prima. Sémola de trigo candeal y fermentación natural son parte de sus sellos. Martín, jujeño, autodidacta. Nieto de maestra cocinera. Naira, salteña, con formación en IGA y dueña de “El Árbol”, pastas artesanales, hacen de su unión más que un proyecto de vida.
¡Que derroche de amor es cocinar! Proyectar en otro, atender, servir, invitar brindar. Aparecen pastas y pizzas. Panes con esa costra crocante y ese visual amasado artesanal, que forma alveolos. Por supuesto, el mejor oliva. Pimentón ahumado con firma personal. Clima de península itálica. De familia. De comunión. De pasión.
En cada hilo del mantel, en cada ralladura de queso madurado y cuidado, también está el hilo rojo de los propietarios. Ese tejido que parece encendido, que no se apaga, que arde. Entre semana, aparece un grupo de la Fundación Terra. Chicos con Síndrome de Down, que llegan al lugar para aprender cocina y sus secretos. Para incluirse y pertenecer. Para sentir y ofrecer.
Otro acto de amor. Otra manera de hacer de un proyecto gastronómico un transporte social. De algo local, individual a un todo. Universal, plural. Entre tanta emoción y sensibilidad, casi en sobremesa llega un tiramisu que roza la perfección. No quiero regalar elogios. Postre clásico, simple, atemporal. El mascarpone es tan brillante que provoca continua repetición, gula, tentación.

“Margarita” nos espera en un pequeño espacio de Tres Cerritos. 1489 de Avenida Bicentenario. Ciudad de Salta. Con perfil bajo, modestia. Con autenticidad y franqueza. Con devoción por la vocación. Respeto por el oficio. Fuera de las modas y la farándula. Mucho más que una Pizzeria o un restaurante. Es una estadía sin cruzar el Atlántico. Un viaje sin avión, un vuelo del corazón.

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