
Los Elegidos: “Hotel Almeria, Restaurante Don Salvador”, por Nico Cortes
Indalo. El amuleto de la suerte y la protección nos da la bienvenida. Se respira Andalucía desde la vereda. Parece ser un sitio destinado al porvenir. Las brumas del mar Mediterráneo dibujan un lugar de privilegio.
Es Hotel Almeria, de cuerpo entero. En su alma, allí en el medio, al centro, “Don Salvador”, Restaurante. Vicente López 146. El lugar de encuentro. Para el ocio, el negocio, el agasajo, el festejo. Rodeado de arte, esculturas, pinturas. Todo tan armonioso como bello. Los colores y los tonos son selectos. La atención es tan brillante como la sensación. Hay una inmediata vibración entre cuerpo, alma, razón…
Más que hospedado me siento cobijado. Es un refugio inevitable. La brisa cálida del hogar me invita al arraigo. Hay algo que me pertenece. España, nos conecta. Puede que Don Salvador Muñoz haya sido nuestro. Como el abuelo de los salteños. Parece estar por aquí, respirando su sueño. Se siente esa bondad, notable generosidad. Hay amistad visible, en cada plato servido, en la calidad del cerdo. Pues si, hay cochinillo al plato, pescados, pastas, carnes, frutas y verduras de ensueños. Un postre mágico como “Hechizo Andaluz”. Es que todo tiene que ver con el creador. Con su coraje, su visión, su vocación, su pasión.
Es la hora de la sobremesa y solo atino a respirar. Los placeres se apoderan de mi ser. Sigo perplejo con la atención. Están en el detalle. Es una caricia natural donde nada es forzado ni exagerado. Servicio profesional garantiza la calidad y la vigencia de un lugar infalible. Más que elegido, soñado. Desde 2012, liderado por Alfredo Muñoz, médico, artista, coleccionista. Junto a su esposa Carolina Perotti y su hija Amparo, actualmente potencian un paraíso terrenal.
Es incesante la renovación, la innovación. La mirada joven, la nueva generación. Lo justifican todos los premios, las certificaciones obtenidas, las destacadas reseñas.
Es una invitación a todo el pueblo. Hay turistas, vecinos, hombres, mujeres, niños. Se escucha sutilmente folclore y suena flamenco. En la cascada del patio hay cerros, valle y océano. Hay calidez en la recepción. Se fija atención. Es un legado. Ser más que un anfitrión. Un cable humano conector, del corazón.

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